¿La directiva del América protege más el negocio que el proyecto deportivo?

El América no está pasando por su mejor momento en la actualidad.

¿Qué errores está cometiendo la directiva del América?
¿Qué errores está cometiendo la directiva del América?
Foto de Diego Becerra
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OPINIÓN

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En el entorno del Club América ha comenzado a instalarse una sensación incómoda que ya no se puede ocultar con comunicados oficiales. Más allá de los discursos de grandeza y las cifras financieras, la realidad deportiva del Clausura 2026 deja en claro que, hoy por hoy, el negocio parece estar por encima del proyecto futbolístico. Las decisiones recientes y la gestión de un mercado de pases lento han provocado que el equipo refleje en la cancha un rumbo errático y poco claro. La mística del club está en juego, y la directiva parece más ocupada en los balances que en los goles.

Un proyecto que perdió coherencia

El América ha dejado de transmitir la idea de un plan sólido a largo plazo. Los movimientos de los últimos meses parecen responder más a oportunidades comerciales o compromisos externos que a las necesidades tácticas de la plantilla. Se habla constantemente de "fichajes bomba", pero la realidad es que el equipo carece de una columna vertebral renovada que eleve el nivel competitivo. Esta falta de lógica deportiva está erosionando la identidad de un club que antes fichaba con precisión y ahora parece improvisar sobre la marcha.

Refuerzos que no convencen

La afición azulcrema aguardaba incorporaciones que marcaran una diferencia inmediata, pero lo que ha llegado al Nido no ha elevado la vara. Nombres con gran impacto mediático, como el de Allan Saint-Maximin, generan expectativa en redes sociales, pero en el terreno de juego no han logrado justificar su altísimo costo ni su lugar en el once titular. América necesita jerarquía real y compromiso, no apuestas que prioricen el impacto en el marketing por encima de la efectividad en el área rival.

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Jardine: Solo en la construcción del equipo

André Jardine se encuentra en una posición sumamente comprometida. El técnico brasileño no recibió el plantel que solicitó para competir al máximo nivel y hoy debe resolver más problemas de los que debería. Mientras él pide piezas puntuales para su esquema (como el tan ansiado "10" sudamericano), la directiva responde a cuentagotas, dejando la sensación de que el armado del equipo nunca fue una prioridad absoluta. Jardine está intentando construir un edificio de lujo con materiales que le entregan a medias.

El costo de pensar primero en el negocio

Cuando el negocio manda, el proyecto se debilita. El América actual vende imagen, marca y expectativas internacionales, pero no ha sido capaz de sostenerlo con resultados en las primeras tres jornadas del torneo, donde no ha podido marcar ni un solo gol. Esa desconexión entre lo comercial y lo futbolístico genera un desgaste que ya se siente en la tensión del vestidor y en el abucheo de la tribuna. La marca América es poderosa, pero sin victorias se convierte en un envase vacío que la afición no está dispuesta a comprar.

América no está bien

Más allá de los parches informativos y los discursos optimistas de Santiago Baños, el equipo atraviesa una crisis de identidad. Faltan líderes, sobran dudas tácticas y el nivel de juego está a años luz de lo que exige un club que presume ser el más grande de México. El problema no es una derrota aislada, sino una serie de decisiones acumuladas que han mermado la capacidad competitiva del plantel. Hoy el equipo vuela bajo, y el panorama hacia la Concachampions luce más oscuro que nunca.

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El riesgo de normalizar la mediocridad

El mayor peligro para el América no es perder un torneo, sino acostumbrarse a la medianía. Cuando la exigencia baja puertas adentro y se prioriza la venta de camisetas o la proyección en el extranjero sobre el rendimiento en el Estadio Azteca, el club deja de ser el referente que dominó la liga durante años. La grandeza no se hereda para siempre; se tiene que revalidar cada fin de semana con un hambre que hoy no se percibe en Coapa.

Conclusión: El negocio no puede ir primero

El América necesita reenfocar sus prioridades de manera urgente antes de que el daño sea irreversible. El negocio es fundamental para la salud del club, pero el proyecto deportivo debe ser el motor que marque el camino. Sin un equipo competitivo y bien armado, la marca se desgasta, la afición se aleja y los objetivos se diluyen en excusas. Si la directiva no corrige el rumbo y cierra los fichajes de jerarquía que prometió, el club corre el riesgo de perder mucho más que un campeonato: podría perder su alma competitiva.

¿Crees que la directiva del América está sacrificando deliberadamente el éxito del Clausura 2026 para sanear las finanzas tras la inversión en Saint-Maximin, o piensas que simplemente han subestimado la dificultad de este torneo y ahora no saben cómo reaccionar ante la presión de los resultados?

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