Miguel Borja llegó a CDMX para firmar con América, pero lo recibieron distinto a Saint-Maximin
El delantero colombiano ya está en México para cerrar su fichaje con las Águilas y su llegada contrastó con el enorme despliegue que tuvo el francés
Miguel Ángel Borja arribó a la capital mexicana con el fin de sellar su contratación con el Club América; sin embargo, su bienvenida distó mucho de la gran recepción que tuvo Allan Saint-Maximin un año antes. Mientras el futbolista europeo desató un verdadero caos entre la fanaticada americanista que acudió en masa al aeropuerto con playeras y cánticos debido a las altas expectativas de su fichaje, el atacante sudamericano que llega por 2,5 millones de dólares, tuvo un recibimiento bastante más moderado, centrado únicamente en completar los trámites institucionales de su fichaje. Esta disparidad evidencia las distintas etapas y las marcadas diferencias en el perfil de ambos futbolistas para el equipo de Coapa.
Borja llegó sin tanto ruido
El arribo de Miguel Borja a la Ciudad de México se desarrolló bajo un panorama de absoluta calma a diferencia del alboroto causado por Saint-Maximin. El objetivo del delantero era cumplir con los últimos requerimientos para unirse a las Águilas, que incluían las revisiones médicas de rigor antes de ponerse bajo las directrices del técnico Guillermo Almada. A pesar de que su incorporación provocó bastante emoción entre la afición en el entorno digital, el escenario físico en la terminal aérea no emuló en lo absoluto las aglomeraciones generadas por el extremo galo, ocasión en la que una gran multitud de aficionados se congregó con la ilusión de conocer en persona a su nueva figura.
Saint-Maximin desató la locura
La comparación con Allan Saint-Maximin resulta inevitable porque el recibimiento que tuvo el francés en 2025 fue completamente diferente. Desde antes de su llegada a México, el fichaje había generado una enorme expectativa debido a su trayectoria en el futbol europeo y al esfuerzo económico que realizó el América para conseguir sus servicios. Cuando el atacante apareció en territorio mexicano, la afición azulcrema se hizo presente en el aeropuerto para recibirlo. Las camisetas del América, los cánticos y las cámaras de televisión convirtieron su llegada en uno de los acontecimientos mediáticos más importantes de aquel mercado de transferencias.
Borja llega con otra apuesta
La operación por Miguel Borja responde a una estrategia mucho más moderada en términos financieros. El América desembolsaría alrededor de 2 millones de dólares para adquirir definitivamente al colombiano procedente del Al-Wasl, una cantidad considerablemente inferior a la que pagó por Saint-Maximin. También existe una diferencia importante en los salarios. Borja percibiría poco más de 2 millones de dólares anuales, mientras que el francés llegó con una remuneración que rondaba los 4.5 millones. La diferencia económica ayuda a entender por qué ambos fichajes generaron sensaciones distintas. Saint-Maximin fue presentado desde el principio como una contratación de enorme impacto mediático y financiero.
La presión estará en los goles
Más allá del recibimiento, Borja tendrá que ganarse a la afición dentro del terreno de juego. El colombiano llega con la obligación de demostrar que puede convertirse rápidamente en una referencia ofensiva para las Águilas y responder a las expectativas de un equipo acostumbrado a competir por títulos. Para el América, el objetivo es claro: encontrar contundencia sin repetir necesariamente una inversión de doble dígito por un futbolista. La contratación del colombiano representa una apuesta diferente, pero el recibimiento que tuvo en México demuestra que el impacto de una figura no siempre se mide por la cantidad de aficionados que aparecen en un aeropuerto.